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miércoles, 21 de enero de 2009

Como el Ave Fénix...

Tal cual... resurgiendo de mis cenizas, retomo la escritura en mi blog después de unas semanas de ausencia dedicadas a la contemplación, a la lectura, y en los últimos días, al inicio de un nuevo y apasionante proyecto profesional.

Creo que no podría existir un día mejor para retomar este espacio que hoy día 21 de enero de 2009, día en el que el mundo se despierta con el dulce sabor de la esperanza (y aunque suene pretencioso creo poder afirmar que sí, es el mundo entero).

Saludos a todos de nuevo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Del incalculable valor de resaltar...

Siempre me he considerado un amante de la sombra, más que del sol. Así como la mayoría de la gente preferiría en un día muy frío caminar por la acera soleada, yo sin embargo he preferido siempre caminar por el lado de la sombra, aquel lado en el que es más difícil ser visto...

Y con el tiempo, realmente voy descubriendo la importancia de resaltar, de destacar. Que no se me entienda mal, pues no me refiero a resaltar a un sentido narcisista o arrogante, sino es un sentido más cercano a lo "diferente", a lo "poco habitual". La inercia del mundo en el que vivimos muchas veces nos impide pensar y por ende tomar decisiones fundadas. Hay personas que prefieren pasear por el lado soleado porque realmente lo prefieren o porque aborrecen la sombra. Pero la mayoría de la gente suele caminar por la acera soleada por que el resto de la gente así lo hace, porque el rebaño conduce y uno responde, sin pensar claramente en si aquello es lo que uno quiere o prefiere.

De ahí la importancia de destacar. No se trata de ser un anti-sistema, de ir en contra del "establishment". Se trata de saber realmente qué influye nuestra decisión, y por lo tanto saber qué define nuestra personalidad. Es importante destacar para ser escuchado, para ser visto, para ser incluso, en ocasiones, entendido. Una marca aumentará sus ventas cuando destaque del resto por algún motivo especial (campaña de marketing, innovación, etc.). Un político tendrá más oportunidades cuando destaque del resto por alguna cualidad específica (oratoria, carisma, etc.). Pero sin ir tan lejos, cualquiera de nosotros tendrá más opciones en el momento en que destaquemos del rebaño por algún motivo o cualidad, por pequeños que sean.

Destacar aporta diferenciación. La acera soleada no es mejor que la acera con sombra, y vice versa. Lo importante es saber con exactitud porqué uno prefiera la una a la otra, y sobre todo porque uno es en ese aspecto diferente a los demás.

Saludos.

martes, 2 de diciembre de 2008

Para comunicar: todo vale...

Ayer y hoy, paseando y curioseando por Shanghai, me he dado cuenta de algo que me ha resultado poderosamente curioso.

Lógicamente, la incomprensión idiomática es bestial: poca gente habla inglés, y con aquellos pocos que lo hacen, realmente hay que tener mucha paciencia para entender más de dos frases seguidas. Por ello, en situaciones en que la comunicación verbal es poco fluida, tendemos a buscar ayuda en otros recursos, principalmente en la comunicación por gestos.

Y, como decía, ayer y hoy he visto lo que es llevar al extremo dicha comunicación: al acudir a un par de "bazares" ( o mercados) y querer comprar un par de chorradas, me he encontrado con el dilema de cómo negociar el precio con mi interlocutor. Elegir un objeto o prenda es fácil, buscar la talla no lo es menos. Pero llegado cierto momento, hay que hablar de lo importante: el precio. Regatear no solo es un arte, sino que en estos lugares es una exigencia. Hay que regatear y regatear (aunque reconozco que los vendedores ofrecen menos resistencia que en Marrakech, o en Thailandia) hasta llegar a un punto de equilibrio, como buen exponente de la ley de la oferta y la demanda. Pues bien, estos días he descubierto lo que es negociar con el simple uso de una calculadora, si apena usar otros signos o gestos, y muchos menos palabras. El comprador (yo) elige el objeto. A la pregunta de "How much?", el vendedor rápidamente echa mano a ese artefacto imprescindible hoy en día en su negocio que es la calculadora. Un rápido y profesional movimiento expone en la pantalla el precio de salida: empieza la fiesta. No sin menos experiencia (aunque sea simulada), cojo a mi turno la el artefacto numérico y marco un precio rebajado al 50%: chulo que es uno. Rápidamente el vendedor acompaña una exclamación en chino (aunque bien podría ser en arameo) con unos gestos de cabeza negando lo que sus ojos ven. Sin dudar, aprieta el botón "C", y marca un nuevo valor, a caballo entre el suyo primero y el mío. En ese momento, casi sin titubeo, borro de inmediato su segunda oferta, sin gesticular tan siquiera, para marcar la mía, censurando cualquier aportación posterior suya con un "No more, final price". Pero su expertise es mayor que la mía, y sin darme cuenta el número que yo había marcado, con un simple parpadeo de ojos, ha subido en un 10%... Mágico artefacto que maneja a su antojo. Sin apenas darme cuenta, llevo unos 5 minutos comunicándome plenamente, con un tipo curioso, que no solo no entiende mi idioma (ni yo el suyo), sino que apenas entiende mis gestos. Y esa comunicación llega a buen puerto, pues finalmente hay precio y por lo tanto contrato. El vendedor vende, al comprador que compra. Y con el simple intermedio de 10 cifras de una calculadora, asisto a uno de los momentos comunicativos más interesantes que he vivido nunca...

Realmente, para comunicar todo vale...

Saludos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Aprendiendo a pensar

Hoy hemos entregado el proyecto final del Master. A falta de presentarlo en público y defenderlo, esto es básicamente el principio del fin de 14 meses de postgrado.

Hemos aprendido, bastante diría yo. Mucho de ello permanecerá, y mucho se perderá. Afortunadamente, la mente es muy selectiva. Sin embargo, realmente tengo la sensación de que el aprendizaje técnico, es decir de conceptos específicos aplicados a la gestión de empresas, no conlleva mérito especial alguno. Parto de la base de que una persona capacitada podría adquirir prácticamente los mismos conocimientos consultando una cantidad determinada de manuales o libros.

Me he dado cuenta de que el valor verdadero de un programa tan intenso como el IMBA, es por un lado aportar una base sólida de conocimientos genéricos de gestión (un poco de todo), pero sobre todo, crear en el individuo una capacidad específica de análisis. Pasa el tiempo, transcurren los meses, las asignaturas, y sin darte cuenta cuando llega el final del programa, has adquirido una capacidad analítica impresionante, que te permite discernir lo importante de lo no tan importante. Dónde antes veías cantidad, ahora rápidamente eliminas la "paja" y seleccionas la calidad. Dónde antes dedicabas 2 horas, ahora posiblemente no necesites más de 45 minutos. Puede sonar raro, pero realmente ese es el valor añadido de un Master, aprender a gestionar.

Ahora que realmente se acerca el final, uno puede hacer un pequeño balance de la experiencia. En el plano personal, ha sido sin duda una de las experiencias más potentes que he podido vivir: pocas veces (o ninguna) podré volver a interactuar a diario con más de 50 nacionalidades, aglutinando un bagaje tan variopinto de experiencias, personales y profesionales. A esto, añadir el contacto con profesores y demás profesionales de gran talla (otros, no tanto). En el plano profesional, lógicamente la experiencia reside en la cantidad de contactos que se materializan. Pero, en mi opinión al menos, tiene muchísimo más peso la experiencia persona, irrepetible e intransferible.

A todos aquellos que estén en duda sobre si realizar o no un Master, lo recomiendo encarecidamente como fase de madurez y crecimiento personal. A por ello!!

Saludos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Al César lo que es del César...

Ayer por la noche llegó a casa mi mujer con un cabreo considerable, después de haber pasado un día exultante debido a la victoria de Obama (que por cierto, hoy he hablado con mi madre, que está en NY, y dice que el ambiente incluso por las calles es impresionante...). El cabreo se debía a que no llegaba a entender porque nadie comprendía o incluso ridiculizaba el hecho de que ella estuviese tan contenta por un evento que yo desde luego considero histórico, como es la victoria de Obama.Vale que EEUU está a miles de kilómetros, pero en un mundo cada vez más "plano", debemos de ser muy conscientes del efecto multiplicador que tienen decisiones tan globales, como las elecciones de la todavía primera potencia mundial.

¿Por qué en España pueden miles de personas celebrar en las calles una victoria deportiva, y sin embargo no se entiende el hecho de celebrar un día, repito histórico, como el de ayer?

¿Por qué no está mal visto acudir a Ferraz o a Genova en noche de elecciones generales y si es "raro" acudir a festejar la noche cumbre del proceso electoral más importante de los últimos años (cuando la segunda opción tiene muchísimo más impacto en nuestras vidas que la primera)?

Creo que España todavía tiene que madurar mucho políticamente hablando. Tenemos que aprender a no girar a la izquierda o a la derecha, o no adorar el rojo o el azul... Tenemos que aprender a mirar en una dirección única y sobre todo a mirar más allá de nuestro diminuto ombligo.

Saludos.

jueves, 30 de octubre de 2008

Crisis? No, crisis no...


Parodiando el anuncio de la marca de zumos Juver en el que un hombre dice "¿Assucar? Nooo, assucar nooo", bien podríamos decir "¿Crisis? No, crisis no", después de ver la noticia publicada ayer con los sueldos de los presentadores más famosos de nuestra querida caja tonta.

Por ejemplo:

- Ana Rosa Quintana: 4 millones de euros / año
- Jesús Vázquez: 3,5 millones de euros / año
- Jordi González: 2,5 millones de euros /año
- Anne Igartiburu: 2,5 millones / año
- Andreu Buenafuente: 2 millones de euros /año
- Alessandro Lecquio: 1 millón de euros / año

y la lista sigue...

Realmente, nos estamos volviendo locos...

Pero he llegado a una conclusión que al menos a mí, me tranquiliza mucho. Y es la siguiente:

Estamos pasando actualmente por una de las mayores crisis de los últimos años, crisis que según muchos expertos marcará un clarísimo "antes y después" en diferentes aspectos de nuestras vidas cotidianas. Se baraja, como uno de los detonantes de dicha crisis, el ánimo especulador y el afán avaricioso de muchos. Y claro, no me sorprende que lleguemos a un extremo como "nuestra" actual crisis, cuando realmente el problema es que los estándares éticos más básicos han desparecido por completo. No podemos permitirnos el lujo de quejarnos por la situación global actual, cuando nosotros mismos avalamos y fomentamos que a nuestro alrededor, presentadores de televisión, jugadores de "fúrbol", etc., ganen semejantes cantidades de dinero. No podemos culpar al huevo, cuando nosotros somos la gallina. ¿Cómo no van a existir hipotecas basura por un lado, si por otro lado fomentamos que un/una presentador/a (que muchas veces ni siquiera es periodista de profesión) gace 2, 3 o 4 millones de euros al año? Lógico es que si se forran unos, se quieran forrar todos...

De nuevo, cómo dice el sabio refranero español, y pidiendo disculpas adelantadas por el refrán: "O follamos todos, o la puta al rio".

Saludos.

miércoles, 29 de octubre de 2008

De la ignominia que se llama Fútbol...

Siempre he sido, y seré un detractor del fútbol como "deporte nacional". Y, que conste, que durante una época de mi vida veía con asiduidad partidos del Real Madrid, iba al campo en alguna ocasión, etc. Pero el día en que el fútbol pasó a ocupar el primer plano de mi entorno (fútbol en la tele, fútbol en la prensa, fútbol en el autobús, fútbol en el metro, etc.) decidí que ya no quería hacer apología de algo que dejaba de ser "ocio" para convertirse en "negocio".

Soy plenamente consciente de que nuestra volatilidad espiritual impone la necesidad de "agarrarnos a algo", aquello que Karl Marx llamó, refiriéndose a la religión, "el opio del pueblo". Los Romanos lo hacían con su "circo" y sus espectáculos de gladiadores. En la Edad Media se hacía con, entre otros, las competiciones de justa. Y hoy en día le toca el turno al fútbol... (o "fúrgol" para los menos duchos en la materia). Por lo tanto, vaya por delante que no critico esa necesidad de "agarrarnos a algo", de ejercer nuestra fé... Critico más bien el negocio en que se ha convertido hoy en día.

No me cabe en la cabeza que unos deportistas que, con todos mis respetos, no trabajan más que unos cuantos días a la semana (sin acercarse en ningún caso a una jornada de 40 horas), ganen 3, 5 o 6 millones de euros al año (recuerdo, que 6 millones de euros son 1000 millones de las antiguas pesetas...). Puedo entender que alguien que pone su vida en peligro, como un piloto de F1, o incluso un torero, que sin ser amante de la Fiesta, entiendo que tiene valor y mérito, obtenga una alta compensación por su sacrificio y temeridad. Pero que por correr detrás de un pelota se llegue a esas cifras, no me cabe en la cabeza. Y, entonces, ¿cómo se debería de compensar a un corredor de fondo que devora 40 kilómetros? ¿a un atleta de triatlón? ¿a un corredor de la Ironman?

La gota que colmó el vaso apareció el otro día cuando en un telediario, vi una serie de pequeñas entrevistas que hacían a aficionados madridistas, a los que preguntaban sobre la "justicia" del nuevo salario del Jugador Sergio Ramos, que pasará en los próximos años a cobrar 6 millones al año. Y la mayoría decía que es un sueldo merecido!!!

Es lo que hay...

Saludos.

De la Milá, de su Gran Hermano y de la madre que los...


Ayer, mientras me retorcía con docilidad en el sofá debido a una leve gastroenteritis, me vi degustando (digo degustar por obviar otros calificativos alimenticios en estos momentos de tortura gastrointestinal) los primeros minutos del archi conocido programa de televisión "Gran Hermano".

Woody Allen dijo una vez: "Dime a quién haces famoso en tu televisión, y te diré cómo es tu país". Y es que si echamos un vistazo rápido a las personas (o personajes más bien en muchos casos... o personajillos incluso si se me permite) que llevan a gala el rango de "famoso" en nuestra televisión, realmente es para hacer las maletas, salir corriendo y no parar hasta llegar a los confines del planeta...

Retomando el ejemplo Gran Hermano, ya es suficientemente representativo que España sea el único país (creo, corríjanme si me equivoco) en el cual dicho programa haya cumplido 10 ediciones... 10 EDICIONES!!!! Es decir, que llevamos 10 años maravillados con el supuesto proyecto sociológico que es este programa... Manda narices. Reconozco que a un servidor la primera edición le llamó mucho la atención. No era para menos creo, pues cierto es que allá por el año 98 era sin duda un evento sonado, tanto por el formato elegido ("reality show") como por el contenido. Pero 10 años después, me sigue maravillando que tengamos a bien fomentar este programa, en el que unos concursantes con devoción por la fama barata, se dejan capitanear por la réplica en femenino de Pocholo (solo que con mayor dotación hormonal y libidinosa). Y es una pena que una profesional que bien podría generar contenido digno de mención (todos sabemos que la Milá ha hecho buen periodismo cuando ha querido), pase a los anales de la historia televisiva por ser la conductora de un proyecto sociológico más que cuestionable, del cual se pueden extraer conclusiones cuanto menos preocupantes sobre "esta, nuestra" sociedad.

Saludos.

jueves, 23 de octubre de 2008

El reino de la incertidumbre

Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua que Incertidumbre es la falta de certidumbre. Por ende, la certidumbre o certeza es (1) el conocimiento seguro y claro de algo, o (2) la firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar.

Vivimos tiempos de crisis, vivimos tiempos de incertidumbre. Claramente, no hay posibilidad de "adhesión de la mente a algo conocible", y desde luego que hay un grandísimo "temor de errar". He intentado mantenerme optimista en relación a la crisis global que atravesamos. Incluso, en ocasiones, he pretendido rozar el escepticismo... Supongo que en el fondo, había hasta hace poco en mí un componente romántico que contaba vivamente con la posibilidad de encontrar una pronta solución al problema, o incluso de que el problema fuese menor de lo esperado. Pero a medida en que avanza el tiempo, a medida en que se nublan las noticias, los pronósticos y las esperanzas, voy vislumbrando la opción menos deseada, pero más real: vienen tiempos muy revueltos.

En las últimas semanas he tenido ocasión, de una u otra forma, de escuchar a gente de alto nivel intelectual y profesional, de la empresa privada y de la empresa pública, del mundo de los negocios, del mundo del derecho, del mundo docente... y de todos ellos, saco una conclusión clara: incertidumbre. Vivimos en el reino de la incertidumbre, un reino en el que nadie osa pronosticar... y cuando las más altas instancias del reino adoptan posturas conformadas por la incertidumbre, entonces es cuando el resto de los mortales debemos de entender que la situación es complicada, tirando a muy complicada.

Me permito la licencia de citar el principio de la novela de Dickens "A Tale of Two Cities", que entiendo se adapta a la perfección a los tiempos presentes:

"It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to heaven, we were all going direct the other way - in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only".

Charles Dickens (1812 - 1870), "A Tale of Two Cities"

Saludos.

lunes, 13 de octubre de 2008

De Vueling... a "Sin Vergüenzing"...

Gracias al maravilloso regalo de mi mujer, esté fin de semana hemos hecho una fugaz pero sabrosa escapada a Roma...

Los vuelos tanto de ida como de vuelta fueron con Vueling, siendo para ambos la primera vez que volabamos con esta areolínea. Con la idea de ir más cómodos, mi mujer eligió la opción "DUO", que no es sino la posibilidad de reservar los tres asientos de la fila cuando solo viajan dos (es, digamos, la opción "Business" que ofrece Vueling).

A la ida, el viernes, sufrímos unos 50 minutos de retraso... Nada nuevo teniendo en cuenta que hablamos de una aerolínea española, para más "inri". Aún así, cuando uno se va de "mini vacaciones", cualquier faena es poca para amargarle a uno el buen espiritu del momento... Una vez en vuelo, y cómo no cabía esperar menos, los asientos eran pequeños, y el espacio entre filas realmente ridículo. Pero con la opción "DUO", no se viaja del todo mal, sobre todo teniendo en cuenta la diferencia de precio con Iberia o similares.

A la vuelta, la cosa empeoró... De nuevo, nada más llegar al mostrador de facturación, vemos que ya había 45 min de retraso. Y sin embargo, cuando uno ya regresa a casa depués de dichas "mini vacaciones", este tipo de fallos duelen más. Llegada la hora de embarque, el retraso aumentó considerablemente debido a que en Fiumicino (aeropuerto tercer mundista dónde los haya... tremenda vergüenza) solo disponían de dos "jardineras" (autobuses que trasladan a los pasajeros a los aviones) para los vuelos del momento, por lo que nos llevaban al avión con cuenta gotas. Al subir al avión, nos vimos sorprendidos por el hecho de que el avión estaba absolutamente lleno, por lo que la opción DUO quedó inutilizable. Ya estamos incumpliendo expectativas... Menos mal que dímos con una sobrecargo amable y profesional que nos proporcionó todo lo necesario para reclamar la devolución del importe extra del DUO. No solo iba lleno el avión, sino que iba tan lleno, que de refilón (gracias a estar sentado en primera fila) vímos por una rendija de la cortina, como utilizaban el baño delantero del avión, como portamaletas improvisado, obligando así a todos los pasajeros a desplazarse hasta el final del avión en caso de querer hacer cualquier necesidad biológica... de coña.

De la "suavidad" del piloto no hablaremos, pues entiendo que es algo absolutamente subjetivo no dependiente de la aerolínea, pero el amigo en cuestión bien pudiera ser más cuidadoso en giros y maniobras...

En resumen, me pareció una pena desechar ya para los restos un producto que podría funcionar, pero que al no colmar expectativas, no volveré a consumir mientras pueda.

Claramente, en la aerolíneas pasa lo mismo que con las teleoperadoras: todas son malas, pero la menos mala siempre acaba siendo la más grande.

Saludos.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Irrepetible Titiritero

Siento un desgarro seco, como ajeno, como insensible. Es un dolor indoloro, un llanto sin lagrimas, una pena sin duelo. Es un grito mudo, no tengo fuerza para sacar la voz que destape mi tristeza, y esa tristeza me sigue desgarrando.

Poco a poco se resquebraja el espejo de mi alma. Me cuesta verme, solo le veo a el, quien siempre ha dominado todo lo que se reflejaba en ese espejo. Y ahora el espejo no refleja, perdido en el no saber, como un títere sin titiritero.

Quiero que vuelvas, y manejes los hilos, esos hilos que apretaban. Esos hilos que me prestan vida, y con cuya ausencia simplemente, no soy. Estoy, sin ser. Pero que dulce es ahora el ahogo y que amarga sin embargo la libertad. Quiero que vuelvas a tu escenario. El publico espera, callado pero impaciente, a que deleites de nuevo con tus sabias maneras, a que llenes de nuevo sus espejos, a que des vida a esas cuerdas hoy posadas, como adormecidas, en un suelo sin sentido.

Irrepetible titiritero.

jueves, 3 de mayo de 2007

Borrego, que te quiero "Borrego"...

Terminado el maravilloso puente del "1º de Mayo", volvemos, como no puede ser de otra forma, a la rutina...

Sin embargo ayer, regresando de una fugaz pero sabrosa escapada a la playa, sufrimos aquello que en muchas ocasiones he visto en la prensa, pero que hacía años que no sufría en mis propias carnes: el elemento "atasco".

Y es que poco a poco vamos aglomerándonos muchas personas en las grandes urbes. Demasiadas tal vez. La evolución es la esencia del progreso, por mucho que nuevas corrientes se empeñen en demostrar lo contrario en EE.UU. Y por ello, a la par que nosotros crecemos y evolucionamos, nuestras ciudades crecen y evolucionan. Demasiado tal vez.

En Madrid, por poner un ejemplo cercano y vivido, creo con certeza que sí somos demasiados. Tuve la ocasión de palpar la prueba ayer mismo: 8h30 min de incesante atasco para completar una distancia de 600 km (distancia completada días antes, en condiciones normales, en 5h45 min). Coches, coches y coches. Kilómetros de asfalto coronados por coches, coches y más coches. Del "asilvestramiento" del conductor medio en este tipo de situaciones hablaremos en otra ocasión, pues dicho tema bien merece tiempo y paciencia.

Crecemos y evolucionamos, pero seguimos siendo parte de un todo, un todo que podemos llamar "rebaño". Y es que somos borregos, en el más puro sentido de la palabra. Realmente tuve la sensación, inmerso en tamaño atasco, de no ser conductor de mi destino, sino más bien estar sometido a la voluntad del rebaño, adoptando sus movimientos y asimilando sus iniciativas. Te dejas llevar, porque realmente no te queda más remedio.

Hace años, en los puentes o fines de semana largos, uno disfrutaba de la sensación de vacío que transmitían las calles sin coches, las aceras sin peatones, etc. Últimamente esto ya es imposible, pues uno se va con el rebaño, vuelve con el rebaño y mientras tanto convive con el rebaño. Las carreteras se atiborran de gente huidiza, pero las ciudades siguen conservando tropeles y tropeles de borregos, en contraposición a la calma que antaño acarreaban los periodos vacacionales.

Todo ello sin hablar de aeropuertos, estaciones de trenes, etc. que se convierten en improvisados confesionarios de cientos de miles de viajeros que huyen de una urbe, para "vacacionar" en otra semejante...

Si ya lo decía el poema: Verde, que te quiero verde...

Borrego, que te quiero "Borrego"...